El valor de los sentimientos del alma
Cuando logro sentir y expresarme desde el corazón, empiezan a disolverse los dolores, las angustias, las tristezas, las preocupaciones y hasta los problemas. Es como si pudiera dejarle a Dios mis cuestiones y asuntos.
Ante las crisis y los conflictos personales -especialmente los que tienen que ver con las relaciones humanas- lo que suelen aflorar primero son las emociones -bronca, sufrimiento, envidia, celos, pesar, etc.-. Si nos quedamos en ese nivel, sufrimos o tal vez busquemos la forma de tapar el dolor con distracciones u objetos adictivos. Pero existe un nivel más profundo que el de las emociones, el nivel de los sentimientos. Los sentimientos provienen del área espiritual. Cuando logro contactarme con ellos, surgen en mí la paz, el amor, la comprensión, la compasión, las palabras adecuadas. La gran pregunta: ¿Cómo alcanzar ese nivel? Ante todo, con buena voluntad y humildad, añorando, deseando con la fuerza del corazón; pidiéndoselo a Dios o a quien cada uno crea como algo superior a sí mismo…”Pide y se te concederá”.
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