La luz interior siempre está.

Suceda lo que suceda mi luz interior siempre permanece encendida. Puede parecerme que el agobio de los afectos no correspondidos, de la traición, de la mentira, la frustración o las circunstancias la extingue. ¡Pero no es así! Mi sol interno está firme, encendido, luminoso siempre; solo tengo que aguardar que los nubarrones pasen. Aferrarme a esa luz con fe inquebrantable, a ese pedacito de Dios que habita en mi interior, es vital para atravesar cualquier obstáculo que pueda presentarse en mi vida.

Despertar a Uno Mismo

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