La revolucion verde no solo es politica sino que nace en cada uno de nosotros.
Días pasados leí un interesante artículo en el diario local sobre la sustentabilidad de la energía y la finitud de los recursos del planeta. El motivo, la pronta visita a nuestro país de una autoridad sobre el tema. Destacaba, su firme convicción de que los gobiernos comiencen a generar ciudades verdes, viviendas y edificios verdes, una revolución verde destinada a frenar el cambio climático que ya estamos viviendo. Agregaba además, la necesidad de un pronto freno a la contaminación ambiental y la depredación de los recursos planetarios. La clave: Reducir, reutilizar y repensar los recursos; lo importante: Recurrir a nuevas fuentes de generación de energía, como la solar y la eólica.
Creo que paralelamente a esta revolución verde tenemos que generar una concepción verde de nuestra propia vida, animándonos a cuestionar y repensar la vida que estamos creando para nosotros y los que nos rodean. Haciendo un parangón de nuestro planeta tierra con nuestro cuerpo físico, necesitamos contar con un “cuerpo verde”; no depredarlo, cuidarlo, nutrirlo adecuadamente (no podemos adquirir otro), en síntesis utilizarlo bien. Es vital un pronto freno a la contaminación mental y emocional con la que hemos saturado al planeta. No a la emisión de pensamientos y emociones negativos o tóxicos (léase envidia, celos, competencia, ambición desmedida, ira, violencia, crítica, pesimismo, chismes, burlas, discriminación, etc.). Los beneficios serán para todos, pero especialmente para nosotros. Reducir además las actividades superfluas que nos desconectan de nuestro propio centro como la televisión, los espectáculos decadentes, las revistas de chismes, los encuentros donde hablamos de cosas ajenas a lo humanidad que somos. No olvidarnos de reutilizar nuestros dones, recursos y capacidades en actividades que nos nutran y a la vez ayuden a la sociedad y al planeta. Por ejemplo, realizando actividades de servicio, acciones que generen alegría, ayuda al que sufre, cuidado al prójimo y a nuestro medio ambiente. Finalmente repensar como estamos utilizando nuestras energías o recursos, no a lo que nos daña o daña; reemplazar todo aquello que tiene que ver con lo adictivo (fumar, tomar, drogarse, trabajo desmedido, sexo en exceso, chateo sin sentido, consumo sin límite) por actividades que eleven nuestra energía (nuestra calidad de vida) tales como ejercicio físico adecuado, caminatas en la naturaleza, sol, comida sana, respiraciones, lecturas espirituales, meditación, oración, el contacto con nuestra alma, el cultivo de la serenidad y las buenas cualidades.
Las nuevas fuentes de generación de la propia energía: Nuestra esencia, nuestro Yo Superior, la chispa divina que todos llevamos dentro.
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