Me encomiendo a lo Superior.
Aunque el dolor o la bronca me toquen fuerte apelaré al Dios de mi corazón; aunque las personas que quiero me desilusionen o no estén, respiraré muy profundo, y apelaré al Dios de mi corazón; aunque me sienta vacio o triste apelaré al Dios de mi corazón; aunque me sienta desfallecer o que está todo perdido pediré ayuda con toda mi alma al Dios de mi corazón. Cuando comprendo que todo lo que me sucede es para mi bien, que detrás de todo hay un sentido profundo, que el objetivo de cada experiencia es mi crecimiento y aprendizaje; renacen en mí la paz, mi fortaleza, la fe, la confianza, el amor y la verdadera alegría.
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