Nuestras zonas a sanar.
Una zona débil es una zona a trabajar. Puede ser una enfermedad, una discapacidad, algo que no nos agrada o nos daña. Sanar esa zona es fortalecernos, aceptarnos, aprender a amarnos.
Este es un ejercicio que puede ayudarte:
Busca un lugar tranquilo donde estés a gusto. Toma tres respiraciones profundas, inspirando y exhalando por la nariz, con mucha serenidad y suavidad. En lo posible cierra los ojos. Relaja despacito el cuello, los hombros, los brazos, las manos con pequeños movimientos, mientras continúas respirando profundamente, cada vez más lentamente…
Ahora deja que venga a ti aquella zona de tu cuerpo o de tu ser que necesitas sanar, fortalecer, aceptar. Puedes percibirla como una niñita asustada e indefensa. Abrázala tiernamente, rodeándola con tu amor y cariño. Sientes amor por ella; está realmente muy sola y molesta, se siente discriminada y necesita de ti… La envuelves entonces con una radiante energía verde purificadora, que cura toda enfermedad, todo dolor, todo malestar. Prometes cuidarla como un bebé. Permanece en este tierno contacto, en este eterno abrazo contigo mismo o misma, todo el tiempo que sientas o necesites.
Después imagina por sobre ti una potente ducha de abundante luz blanca y luminosa. Visualiza como descienden sobre tu cabeza infinitos rayos blancos y brillantes que bañan tu cuerpo, tu ser, tu alma, limpiando todo a su paso. ¡Te purifican arrastrando todo organismo invasor, dolor o problema! Tu cuerpo se va iluminando cada vez más. Tu energía crece mientras la generosa madre tierra va absorviendo las “impurezas”. Dúchate hasta sentirte renovado (renovada). Repite esta meditación curativa tres veces al día. Ahora respira profundo y regresa a tu vida cotidiana.
Visite otras entradas en las misma categorías: Camino espiritual, Ecología
Julio 16th, 2009 a las 15:23
Gracias Gabriel por esta meditaciòn, ya la aprendì y la practicarè, està llena de sabidurìa, todo lo que escribes tiene ese poder màgico. angelika.