Perdonar - Razones para la amabilidad
El acto de perdonar nos exige reflexionar sobre conceptos elementales que posiblemente hemos dado por sentados o que jamás hemos puesto en duda. Si eres como la mayoría de las personas, tendrás cierta tendencia (a veces muy pronunciada) a juzgarte por un buen número de cosas: “¿Cómo pude pensar de esa manera?”, “Tendría que estar dispuesto a perdonar”, “Estoy enfadado y no quiero perdonar”. Tal vez te sorprendas expresando juicios acerca de la rapidez o coherencia con que eres capaz de integrar a tu vida la práctica del perdón. Quizás sientas que sencillamente eres incapaz de perdonar.
A medida que vayas trabajando con el perdón y haciendo los ejercicios de este libro, es importantísimo que tomes nota de tus pensamientos y reacciones antes de juzgarlos. Si aparecen el temor, la autocrítica o las dudas, sé amable contigo. Estos sentimientos son una parte natural del proceso de curación. En realidad, ser amable con uno mismo es, de por sí, un gran acto de perdón para con uno mismo. Al margen de los pensamientos o sentimientos que surjan, afirma tu compromiso de tratarte con amabilidad.
Tal vez no sepas muy bien que significa “ser amable con uno mismo”. Pero proponte hacerlo de todas maneras. Pon algún recordatorio sencillo (“Sé amable contigo mismo”) en algún lugar de la casa, en la puerta de la nevera, por ejemplo, o en el coche, en cualquier sitio donde lo puedas ver a menudo. Cuando lo veas, reflexiona sobre lo que dice durante unos momentos. Tal vez tengas miedo de ser amable contigo porque piensas que eso va a reforzar algún “mal hábito” o un mal pensamiento. Ser amable con uno mismo no significa que no haya que poner esfuerzo y voluntad, ni que se justifiquen pensamientos o comportamientos que se consideran impropios, sino que se puede aprender sin necesidad de azotarse. La dureza con uno mismo alimenta un ciclo contraproducente que quita poder y favorece el sentimiento de culpabilidad y la falta de respeto por uno mismo. Lo creas o no, siempre en todo momento, has hecho lo mejor que podías hacer dado el grado de amor o temor que sentías.
Robin Casarjian
Visite otras entradas en las misma categorías: Camino espiritual, General, Niño interior